En el Principio
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Hay una pregunta que pocas personas se hacen en serio: ¿por qué existo?
No de qué trabajo tengo, ni qué logré, ni qué rol juego en la vida de otros. Sino por qué existe el ser humano en general — y tú en particular. Por qué hay algo en lugar de nada. Por qué, de todo lo que existe en el universo, hay criaturas capaces de hacerse esa pregunta.
La respuesta más antigua que existe está en las primeras palabras de la Biblia.
"En el principio creó Dios los cielos y la tierra." — Génesis 1:1 (RVR1960)
Antes de que existiera el tiempo, el espacio, o cualquier cosa que puedas ver o tocar — ya existía Dios. No como una fuerza abstracta ni una energía cósmica. Como un ser personal, eterno, lleno de vida — que decidió crear.
Un acto diferente al resto
Con su palabra, Dios trajo orden donde había vacío. Creó la luz, el mar, la tierra, las estrellas, los animales. Pero al final de todo ese proceso, hizo algo completamente diferente.
"Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente." — Génesis 2:7 (RVR1960)
No habló al ser humano desde lejos. Se inclinó. Sopló.
Esa distinción lo cambia todo. La mayor parte de la creación surgió por su palabra. Al ser humano, Dios se acercó y le dio su propio aliento de vida. Y lo hizo a su imagen: "Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó" (Génesis 1:27). El aliento de vida que anima a cada persona no es una fuerza genérica — es el soplo directo de Dios.
Eso significa que tu existencia no fue un accidente del universo ni el resultado de fuerzas ciegas que eventualmente produjeron vida consciente. Fue un acto personal e intencional de alguien que quería que existieras.
Por qué esto importa hoy
Vivimos en una época que tiene muchas respuestas sobre el origen humano — pero pocas sobre el propósito humano. La ciencia puede describir con precisión cómo estamos hechos. Solo el Creador puede explicar para qué.
Y la respuesta de Génesis es radical: no estás aquí por accidente. Fuiste creado por alguien que se inclinó sobre ti, que te hizo a su imagen, y que desde el primer momento quiso una relación cercana contigo — no a distancia, sino cara a cara, aliento a aliento.
Eso reordena todo. Si fueras solo producto del azar, el valor de tu vida dependería de lo que tú o los demás le asignen. Pero si eres hechura de alguien que sopló vida en ti con intención, entonces hay un propósito anterior a ti que espera ser descubierto.
Para ti
¿Qué cambia en cómo te ves a ti mismo si esto es verdad — si hay alguien que te creó con intención y te dio vida directamente?
No hay respuesta correcta. Escribe lo que genuinamente piensas — aunque sea una pregunta, una duda, o algo que todavía no sabes cómo nombrar.