Nacer para Crecer
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Antes de hablar de crecimiento, hay una pregunta más básica: ¿hay vida?
Nadie crece en una vida que todavía no tiene. Por eso el primer paso de este sendero no es una disciplina espiritual ni un hábito que cultivar — es reconocer si ya ocurrió algo que la Biblia llama nuevo nacimiento.
Un hombre llamado Nicodemo llegó a Jesús de noche. No era ignorante ni novato — era fariseo, maestro respetado, probable miembro del Sanedrín. Conocía las Escrituras mejor que la mayoría. Y aun así, Jesús le dijo algo que no esperaba:
"De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios." — Juan 3:3 (RVR1960)
No le dijo que estudiara más. No le dijo que se esforzara más. Le dijo que necesitaba nacer — de nuevo, y de arriba.
Lo que el nuevo nacimiento no es
El nuevo nacimiento no es mejorar la vida vieja. No es comenzar una nueva etapa de autodesarrollo. No es unirse a una iglesia ni adoptar un conjunto de creencias.
Es recibir una vida que no tenías. Y eso no lo produce el esfuerzo humano — lo produce Dios.
Pablo lo describe con lenguaje que no deja lugar a medias tintas: "si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Corintios 5:17). No "mejoradas" — nuevas. La palabra griega es kainē ktísis: nueva creación. El mismo tipo de lenguaje que Isaías usó para los nuevos cielos y la nueva tierra.
Y Pedro añade algo que lo hace aún más concreto: hemos sido "renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 Pedro 1:23). La Palabra de Dios no es solo información que educa — es semilla que engendra vida nueva.
La certeza que no depende de sentimientos
Una de las preguntas más importantes que alguien puede hacerse es: ¿puedo saber que tengo vida eterna?
La respuesta bíblica es sí — pero la certeza no viene de un sentimiento, sino de una promesa. Juan lo escribe con una claridad que no deja espacio para la ambigüedad: "Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna" (1 Juan 5:13). No "para que esperéis tenerla" — para que sepáis.
Si tu seguridad depende de cómo te sientes hoy, vivirás en incertidumbre permanente. Si depende de la promesa de Dios, tienes un fundamento que no fluctúa.
Y si todavía no has dado ese paso, tiene nombre: recibir a Cristo. "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12). No necesitas palabras especiales: puedes decírselo a Dios con las tuyas. Y si quieres hablarlo con alguien, en el espacio de preguntas, más abajo, puedes escribirle al equipo de Raíz.
Para ti
Escribe en una frase tu propio testimonio de cómo llegaste (o estás llegando) a Cristo.
¿Puedes identificar un momento — claro o gradual — en el que algo cambió en ti, en el que reconoces que naciste de nuevo? Si todavía no lo tienes claro, ¿qué te impide dar ese paso hoy?
Guarda lo que escribas — lo necesitarás en el último módulo de este sendero.